Ella lo estuvo buscando durante largo tiempo. Incluso de niña había soñado con un encuentro así... súbito y encantador. Más siempre hubo problemas, obstáculos y distracciones… hasta que llegó el día en el cual casi había olvidado por completo que ese anhelo existía dentro de su corazón, que había fantaseado con ese instante por largos períodos de ensoñación.
Lo vio de lejos un día, pasó cerca de un almacén y él estaba dentro, llamó su atención de inmediato, pero no atinó a tomar acción alguna y mucho menos acercarse a tan inesperada visión.
Después pensaba en él con frecuencia, su imagen había quedado estampada en su mente, y sintió la necesidad de buscarlo, no podía dejar perder esta oportunidad. Había aplazado tantas ilusiones, había frustrado tantos deseos ¡pero ahora no! Este sería el momento de actuar, de ir hacia su anhelo sin dudar, sin esperar la aprobación de quien fuera y sin vacilar.
Él por su parte pasaba por la vida en su cotidianidad, todos los días las mismas situaciones, las mismas acciones y similares reacciones. Él esperaba algo mejor, alguien que gustara de su temperamento, que le cuidara y le acompañara en sus búsquedas. ¿Cuándo llegaría?
Tomada la decisión, ella volvió nuevamente a almacén donde lo había visto la primera vez, esperando encontrarlo en ese lugar... y estaba allí, aquella dulce mirada, aquella postura elegante, aquella divertida actitud… seguían allí como expectantes. Sentía que él también ansiaba un encuentro así.
Él la acompañó hasta su casa, le alegró la vida, se mostró complacido de estar a su lado, pues también la estaba buscando.
Y así fue, el encuentro de dos almas, una mujer y su mascota, que se hicieron amigos hasta la eternidad.

¿Las mascotas tienen alma?
ResponderEliminarPues tengo la ilusión de que si no la tienen... por lo menos algunos la aparentan muy bien
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