Ese día, después de hablar con él, pensé que era un tonto. Toda la tarde estuve encontrando argumentos que debí haberle expuesto para explicarle que no tenía la razón. Era muy evidente. Cualquiera con dos dedos de frente podría percatarse de las fallas conceptuales en su discurso. Incluso aseguraría que había un error de ortografía en algo que le pude leer ¡Qué pena!
Entonces llegué a mi casa, continué con mi rutina normal hasta el anochecer. La almohada me dio otras mil y una razones más para concluir que era un tonto de primera ¿Cómo pueden existir personas así? Además era despectivo cuando hablabla y siempre me miraba como burlándose de mí. El mundo está lleno de locos, por lo que pensé en la manera más apropiada y cortés de decirle la verdad sobre mis opiniones, no me iba a quedar callada así nada más.
Di varias vueltas en la cama porque de ninguna forma me sentía cómoda, no conseguía conciliar el sueño, me levanté a beber un poco de agua. Fue en ese momento cuando me pregunté ¿Por qué pienso tanto en semejante tonto?

No hay comentarios:
Publicar un comentario